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¿Por qué no transformarse en un emprendedor?

El mercado laboral hace tiempo que ya transita nuevos caminos que se diferencian abruptamente del escenario laboral en décadas pasadas. Tiempo atrás, la persona que ingresaba a una empresa podría trabajar allí durante gran parte de su vida, pues ese era el modelo laboral de largo plazo, con compañías que nacían y luego se extendían a lo largo del tiempo.

En épocas modernas, las multinacionales y las empresas aplican otro sistema. Dado que las crisis financieras son más frecuentes, los empleos hoy no se extienden demasiado en el tiempo, y así comenzó a crecer el emprendedorismo, es decir, los emprendedores que han decidido comenzar a trabajar por su cuenta.

Si es mejor o peor es un debate que analizaremos en otra oportunidad, lo interesante es que los emprendimientos de hoy serán las pymes del mañana, con capacidad tanto como para fracasar o lograr el éxito y la libertad financiera.

Generar un trabajo por cuenta propia demandará mucho esfuerzo, poco tiempo, una gran capacidad para soportar presiones y extensas jornadas pero, a cambio, la posibilidad de generar ganancias sin límite. Una idea, una inversión, la vocación o la participación en oportunidades de negocios varios aportarán a la chance de transformarse en un emprendedor.

Seguramente el objetivo será muy complicado, pero es una alternativa concreta ante la crisis del empleo en el país y en el mundo.

Consejos para contratar un empleado

Cuando una empresa debe realizar la contratación de un empleado, el primer paso es publicar un aviso clasificado para comenzar a recibir a los postulantes que, en el 99 por ciento de los casos, son muchos. Por ello, para maximizar el tiempo y no extenderse en la realización de entrevistas, aquí os acerco algunas recomendaciones.

Es importante saber si en la experiencia previa logró trabajar en una o en varias empresas durante un período prolongado. Con ello se podrá contar con una idea sobre por qué sus trabajos anteriores no lograron prolongarse en el tiempo. En relación con esto, es interesante saber cómo ingresó a los empleados anteriores y el motivo por el cual finalizó la relación laboral.

Para una gran compañía, si el Departamento de Recursos Humanos no contrata al empleado correspondiente, toma uno nuevo. Para una pyme, los recursos no sobran, por lo cual es mejor no perder tiempo.

También es conveniente ofrecer un contrato a prueba durante los primeros tres meses, para luego sí firmar un contrato efectivo. Es importante que el empleador disponga de los teléfonos o los contactos de las empresas anteriores para consultar las referencias.

Por último, aunque es muy común que no se lo respete, es importante evitar contratar a alguien por el mínimo salario: cuanto más se invierta en el empleado, más productivo será.

Un país de papel

Ante la horrorosa realidad de un paro creciente e insoportable en un marco de crisis estabilizada –ahora está claro que los bancos, ni uno, no van a quebrar y no vamos a tener “corralito” ni cosas por el estilo- los estamentos oficiales siguen a su buen tun-tun o trote cochinero aunque se les apunte con el dedo por aquello de pedirles alguna responsabilidad ante tamaño desbarajuste de paro.
dineroYa que no otra cosa que dar para merendar, demos propaganda. No hace tanto la palabra de moda era la localización de “nuevos yacimientos de empleo”, endosándose el loable traje de superhéroe de minero esforzado y sufridor por la causa de buscar empleo en un mundo en el que los gobiernos sufrían a partes iguales con los desempleados el azote de un paro cuyas causas eran remotas y ajenas a sus políticas y gobernaciones.
Ahora nos hablan de economía sostenible para hablar de agilizar los pagos de los entes públicos a sus proveedores… ¡en 2013! Si en 1812 los españoles teníamos que ser justos y benéficos, en 2010 tenemos que ser ecológicos y tecnológicos, y sostenibles. Y dos huevos duros, que diría Marx.
Y también nos dan otros vocablos para enriquecer la cultura de los nuevos posibles empleados –aquí hay que recordar que el 41 por ciento de los parados menores de 35 años no tienen formación profesional- y empresarios españoles autonómicos, (en mezcla 20-80, como el café para todos, aunque nos guste el té o el poleo menta): el autoempleo.

Para las administraciones queda bonito ya que defienden a capa y espada ese liberalismo de boquilla del emprendedor, licencia literaria donde las haya y un gratificante ejemplo de la influencia de la poesía en los espesos ministros y munícipes, aunque a la hora de la verdad, cuando se solicita su asesoramiento para crear una pequeña empresa, partiendo precisamente desde la motivación personal y no del capricho del sobrante de rentas, el problema no es el chiste del funcionario amargado detrás de una ventanilla con el “vuelva usted mañana” colgándole de la boca, pues en nuestras comunidades europeizadas, la amabilidad no es rara de encontrar. La cuestión es que uno quisiera crear su empresa en este trimestre si no es mucho pedir, pero las entrevistas se van citando con una tranquilidad proverbialmente provincial, y al final uno no sabe si va a poner una librería o un taller o en realidad, se está introduciendo en el difícil arte de la filatelia comparada, y como tal afición que lleva su tiempo, lo mejor es ocuparse los domingos por la mañana, y mientras, ver si cae alguna subvención por algún lado, o al menos un subsidio de paro. Aunque no nos dure hasta 2013.

Un país de funcionarios

funcionarioHace escasos días salía la noticia de que el 62 por ciento de los jóvenes en busca de empleo aspiraban a encontrarlo en las administraciones públicas. Esto refleja la tradicional buena prensa que tiene el trabajo fijo que da el Estado, un Estado que ya es poco Estado central con delegaciones y mucho Estado autonómico, amén del municipal e incluso de diputación provincial todavía. O sea, hay mucho Estado de mala calidad, pues se repite, como si de copias falsas informáticas, fakes, se tratase, en lugar de que haya todo el que sea necesario, pero eficaz y sin solapaciones.

Pero no está en mi opinión que esa aspiración juvenil se atesore por una también tradicional molicie atribuida a los trabajadores, puesto que millones de españoles, hombres y mujeres, trabajan en jornadas inadecuadas, en empleos que no les remuneran emocionalmente y con desplazamientos en transportes abarrotados e incómodos, a la par que interminables, todos los días. Otra cosa es que no les guste mucho su trabajo, pero se cumple más de lo que parece, porque si la productividad es menor que en países cercanos hay que echar mano de ciertos modelos en los que se prima la obediencia ciega en los planes que la dirigen en lugar de abrir las orejas y escuchar los trenes que a pesar de la distancia, trepidan en los raíles que transitamos en la actualidad.

Somos simbólicos

No, esa intención laboral que se traduce en los miles de opositores que hace poco han descubierto que tenían alma de colegial empollón, qué remedio, se relaciona con la falta de confianza que preside el ambiente social. No se fía hoy, mañana tampoco. No se compra, no se vende. No es para menos, cuando las grandes empresas dan el cerrojazo a la creación de empleo sine die por una bajada de beneficios –nada peligrosa- cuando con la otra mano reciben el crédito que necesitan… de manos del Gobierno de turno, negándose a participar en el llamado contrato social por la parte que les toca como locomotoras de empleo, y de lo que es más necesario todavía, confianza. Una confianza transmitida capilarmente a través de sus miles de empleados y familias, y a la sociedad en general, de que son un valor seguro; como imagen, si se quiere, pero todos sabemos de la importancia de la imagen y de los símbolos como valor social y como valor emocional. Al fin y al cabo, los seres humanos somos seres simbólicos, y por eso la realidad es del color con que se mira.


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