El mercado laboral hace tiempo que ya transita nuevos caminos que se diferencian abruptamente del escenario laboral en décadas pasadas. Tiempo atrás, la persona que ingresaba a una empresa podría trabajar allí durante gran parte de su vida, pues ese era el modelo laboral de largo plazo, con compañías que nacían y luego se extendían a lo largo del tiempo.
En épocas modernas, las multinacionales y las empresas aplican otro sistema. Dado que las crisis financieras son más frecuentes, los empleos hoy no se extienden demasiado en el tiempo, y así comenzó a crecer el emprendedorismo, es decir, los emprendedores que han decidido comenzar a trabajar por su cuenta.
Si es mejor o peor es un debate que analizaremos en otra oportunidad, lo interesante es que los emprendimientos de hoy serán las pymes del mañana, con capacidad tanto como para fracasar o lograr el éxito y la libertad financiera.
Generar un trabajo por cuenta propia demandará mucho esfuerzo, poco tiempo, una gran capacidad para soportar presiones y extensas jornadas pero, a cambio, la posibilidad de generar ganancias sin límite. Una idea, una inversión, la vocación o la participación en oportunidades de negocios varios aportarán a la chance de transformarse en un emprendedor.
Seguramente el objetivo será muy complicado, pero es una alternativa concreta ante la crisis del empleo en el país y en el mundo.


Ya que no otra cosa que dar para merendar, demos propaganda. No hace tanto la palabra de moda era la localización de “nuevos yacimientos de empleo”, endosándose el loable traje de superhéroe de minero esforzado y sufridor por la causa de buscar empleo en un mundo en el que los gobiernos sufrían a partes iguales con los desempleados el azote de un paro cuyas causas eran remotas y ajenas a sus políticas y gobernaciones.
Hace escasos días salía la noticia de que el 62 por ciento de los jóvenes en busca de empleo aspiraban a encontrarlo en las administraciones públicas. Esto refleja la tradicional buena prensa que tiene el trabajo fijo que da el Estado, un Estado que ya es poco Estado central con delegaciones y mucho Estado autonómico, amén del municipal e incluso de diputación provincial todavía. O sea, hay mucho Estado de mala calidad, pues se repite, como si de copias falsas informáticas, fakes, se tratase, en lugar de que haya todo el que sea necesario, pero eficaz y sin solapaciones.