Dentro del universo de las empresas y las familias, surge una unión ideal: las empresas familiares, esas que han nacido porque un abuelo o un integrante de una familia, muchos años antes, fundó una pequeña compañía, la trabajó, creció y se mantuvo al día de hoy. Sin embargo, el mundo actual, o sus finanzas, no son las más sencillas. Todo cambió, y las dificultades crecen para sostener una pyme familiar.
En algunos países de América, por ejemplo, en las pymes de este tipo trabajan hasta 3 familiares por cada una, como promedio general. Ello es un dato anecdótico, pero no o es el ranking de problemas que sufren este tipo de compañías.
Por ejemplo, uno de los principales inconvenientes que sufren las empresas de este tipo es la falta de control sobre los excesivos gastos personales, pues al ser una estructura pequeña “se depende del accionar de cada uno sin un control superior”. Aunque parezca menor, la errónea delegación de responsabilidades y malas decisiones es otro de los principales casos denunciados en las pymes como problemas graves.
Por último, entre las tres primeras problemáticas, la ausencia de planeación estratégica es clave. Al no haberla o ser deficiente, no se pueden cumplir objetivos.
Se trata de varias situaciones que pueden contar con una solución. En muchos casos, las pymes familiares deben actuar tal como lo hacen las empresas multinacionales, con grandes infraestructuras, pero precisamente ello es impedido por la característica verticalista de su dirección familiar.

