Mientras una economía se mantenga en crisis, poco se podrá hacer para que aparezcan soluciones mágicas. Sin embargo, es posible analizar un escenario de manera más inteligente, pues una crisis comienza técnicamente con un plazo de seis meses de retracción de índices financieros que componen un negocio.
La caída de las ventas, la reducción de las utilidades, la pérdida de clientes, caída de ingresos y aumento de costos son sólo algunas de las situaciones que identifican un proceso negativo. Por ello, ante un escenario como el descripto, la reducción de costos es una decisión obligada, pero no la única.
Existen otras alternativas posibles.
Una de ellas es la reutilización de las materias primas. Pero en caso no ser una pyme con materias primas, la racionalización mediante la estandarización de recursos es la alternativa correcta.
Luego, será necesario –en crisis y en no crisis- potenciar la productividad de cada empleado y reevaluar las funciones de cada uno. No necesariamente con el despido de personal, pero sí con la reubicación de tareas y la tercerización de servicios.
Por último, es fundamental potenciar la virtud o el valor agregado de la compañía. Todas las pymes disponen de una característica más valiosa respecto de la competencia. Hay que potenciarla.