Primero se creyó que el principal aportante para cada economía del país eran las empresas multinacionales con sus inmensas plantas de producción. Luego, se determinó que las pequeñas y medianas empresas son quienes movilizan el 90 por ciento del motor de un país. Por último, son las pequeñas empresas familiares que han nacido como simples negocios hasta transformarse en pymes que conformaron el actual entramado financiero que crea empleo y consumo.
Por ello, nadie duda de la importancia que hoy tiene las empresas familiares para el desarrollo de la economía. Varios analistas internacionales aseguran que definitivamente la tendencia ya es un hecho: hoy, el mercado laboral cambió y depende casi en exclusiva de las pymes y no de las carreras extensas en las grandes compañías. Además, en el mundo occidental las empresas familiares aportan más del 50 por ciento del PBI de las economías en sus respectivos países. Así se convierten en la más potente fuente generadora de empleo.
Sólo con estos datos es preciso recordar que las políticas crediticias y de financiación deben apuntar al seno de las pymes familiares, que sin apoyo y sin liquidez prácticamente desaparecen del armado económico. De esta manera no sólo pierde la empresa, sino todo un país.