La diferenciación y el valor agregado

Parece un aspecto menor, pero no lo es. Y aquí os voy a desmentir uno de los grandes mitos de los negocios. Una idea no necesariamente debe ser nueva, original o innovadora –si lo es mejor, obvio-, pues un excelente negocio muy generalmente nace de una idea ya pensada, creada y utilizada, pero con una nueva prestación, un nuevo servicio, un valor agregado. En definitiva, algo que al anterior creador no se le ocurrió.

Un ejemplo genérico es que quien creó la PC ha resultado ser un genio, pero quien creó la Notebook copió la idea y le agregó un valor: su portabilidad. Lo mismo ocurre con millones y millones de ejemplos sobre ideas básicas hasta las más complejas.

Cuando comenzamos con un emprendimiento, se lo suele hacer sobre una idea que ya ha sido utilizada, pero pocas veces se analiza detenidamente qué valor agregado se puede ofrecer o qué servicio disponer que otras compañías no lo han hecho hasta el momento.

Cuando esto ocurra, lo primero a realizar será patentar la idea. Lo segundo, emprender un estudio de mercado. Tercero, observar detenidamente a la competencia y, cuarto, desarrollar el plan de negocios.

A veces, la idea por sí puede ser banal, ya probada, muy utilizada, etc, pero pocos advertirán que si la diferenciación o el valor agregado es óptimo, un gran porcentaje del mercado recibirá el negocio con los brazos abiertos.

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